1 de Diciembre
No fui a casa de las Font. Estuve todo el día cogiendo con Rosario.
(Los detectives salvajes, Roberto Bolaño)
Nota: El libro se estructura por días, maravillosa lectura de los días de diciembre para coincidir con este maravilloso viaje invernal a Gran Canaria
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28 de Agosto
Tu muerte, hijo, no ha ensombrecido el mundo. Ha sido un apagarse de luz en la luz. Y nosotros aquí, ensordecidos de tragedia, heridos de blancura, mortalmente vivos, diciéndote.
(Mortal y Rosa, Francisco Umbral)

Hoy nos abandona el más grande prosista español del siglo XX. Yo, que no soy en absoluto fan de sus columnas, de hecho detesto que los grandes se prostituyan con la crónica política, siempre se lo he pasado por alto.
Ahora, después de respirar bien hondo, un poco más de su obra maestra:
Hay que beber a morro del dolor, como se bebe de las férreas fuentes. Que esta carne de luz empape toda la sombra. Hay que baldear hasta el fin el ciego enlagunamiento de la sangre. Hay que agotar el mal, el sufrimiento, no en pequeños sorbos, no en tragos cobardes, sino seguido y hasta lo hondo, que luego queda un fuego neutro, una nada, y sólo resta, por fin, la loza simple de la vida. Voy hasta el final de mi dolor, hago todo el recorrido, bebo de mí mismo, sacio una sed de sufrimiento que estaba en mí y yo no conocía. La saciedad del dolor es como la saciedad del placer. El dintel de una paz vacía, de un cielo plano y soso, de una neutralidad de clima y carne que es toda la imparcialidad desoladora de la naturaleza.
Ahora, después de respirar bien hondo, un poco más de su obra maestra:
Hay que beber a morro del dolor, como se bebe de las férreas fuentes. Que esta carne de luz empape toda la sombra. Hay que baldear hasta el fin el ciego enlagunamiento de la sangre. Hay que agotar el mal, el sufrimiento, no en pequeños sorbos, no en tragos cobardes, sino seguido y hasta lo hondo, que luego queda un fuego neutro, una nada, y sólo resta, por fin, la loza simple de la vida. Voy hasta el final de mi dolor, hago todo el recorrido, bebo de mí mismo, sacio una sed de sufrimiento que estaba en mí y yo no conocía. La saciedad del dolor es como la saciedad del placer. El dintel de una paz vacía, de un cielo plano y soso, de una neutralidad de clima y carne que es toda la imparcialidad desoladora de la naturaleza.
21 de Agosto
Terminar en el poema
Acabar en el poema
Con cien flores creciendo sobre el estiércol
Anunciando la llegada del vacío
La miserable necesidad de la locura
La sed de realidad, el hambre de trigo
El trigo del alma que ladra sobre el vacío
Y el tabaco contra el alma
El tabaco contra la vida
La vida sin la vida
"El cante sin meis nada"
El cante que va a morir en el cigarrillo
El cenicero que sólo habla del poema
"Todo orgullo humea en la tarde".
(XVII, Visión - Leopoldo María Panero y Félix J. Caballero)
Acabar en el poema
Con cien flores creciendo sobre el estiércol
Anunciando la llegada del vacío
La miserable necesidad de la locura
La sed de realidad, el hambre de trigo
El trigo del alma que ladra sobre el vacío
Y el tabaco contra el alma
El tabaco contra la vida
La vida sin la vida
"El cante sin meis nada"
El cante que va a morir en el cigarrillo
El cenicero que sólo habla del poema
"Todo orgullo humea en la tarde".
(XVII, Visión - Leopoldo María Panero y Félix J. Caballero)
18 de Agosto
Todas las mañanas le digo al camarero de El Reloj: "Tres cafés: uno para mí, otro para ti, y otro para tu puta madre". Silban los pájaros volando sobre mi sien, volando en círculos sobre mi sien, dibujando círculos sobre mi esqueleto. Ha muerto Leopoldo María Panero, descanse en paz.
(Papá, dame la mano que tengo miedo, Leopoldo María Panero)
(Papá, dame la mano que tengo miedo, Leopoldo María Panero)
16 de Agosto
No, no lo hagas por favor. No me mires esta noche a los ojos. Ana María, no me mires, por favor, ya que sigo enamorado de ti. Dime tú, Ana María Moix, ahora que estamos solos en la noche, sin mirarme a los ojos, dime quién soy. (*)
Dice Leopoldo María Panero en su último libro ("Papá, dame la mano que tengo mied0", Ed. Cahoba) muchas cosas. Creo que es de sobra conocido que Leopoldo María es mi favorito, por muchas cosas. He leído toda su obra poética de un tirón, hace ya dos o tres veranos, no me acuerdo bien, y este verano tengo tres libros más: uno es éste, en solitario, y otros dos co-escritos con Félix Caballero.
Ana María Moix es escritora y, posiblemente, una de las mayores expertas en la obra de Leopoldo María Panero. Ha escrito el prólogo de esta última obra.
Dice Leopoldo María Panero en su último libro ("Papá, dame la mano que tengo mied0", Ed. Cahoba) muchas cosas. Creo que es de sobra conocido que Leopoldo María es mi favorito, por muchas cosas. He leído toda su obra poética de un tirón, hace ya dos o tres veranos, no me acuerdo bien, y este verano tengo tres libros más: uno es éste, en solitario, y otros dos co-escritos con Félix Caballero.
Ana María Moix es escritora y, posiblemente, una de las mayores expertas en la obra de Leopoldo María Panero. Ha escrito el prólogo de esta última obra.
(*) y esto lo lees en la playa de Espiño [map] un día de playa imposible.
10 de Junio

(El libro, Juan Gris - 1913)
Escribo porque escucho voces que me acompañan, sin las cuales me sentiría muy solo y perdido. Unas me susurran oraciones y otras me hablan de que hay algo más; algo trascendente, misterioso, eterno. Escribiendo alcanzo una catarsis espiritual, porque puedo recrear lo que anhelo y lo que temo, lo que rechazo y lo que adoro. Escribo por una necesidad existencial; no por asumir una pose intelectual ni para hacerme el interesante, ni mucho menos para ganar dinero, sino con la absoluta honestidad y con toda la pasión que habita en mi fuero interno.
Soy escritor, claro que sí. Lo soy porque me han hecho serlo mis lectores. Escribo para ellos. Y percibo el sagrado fuego del agradecimiento verdadero. Pero, más que nada, soy sacerdote. Y eso, tan difícil de explicar hoy, pertenece a la profunda hondura del misterio. No todo tiene explicación. No hay palabras para todo...
(Jesús Sánchez Adalid es juez, sacerdote y es el ganador del último premio Fernando Lara con su novela "El alma de la ciudad")
13 de Mayo
Los inmensos telares de la literatura, extendidos ante mí, abiertos, palpitantes, cuando leo o escribo. Salvación única, tarea febril. Ser la lanzadera y el hilo, el ojo que mira y la mano que teje. Quedar convertido en instrumento, en tarea. Hacer de la vida un tapiz, porque la muerte no se merece la vida y no hay que reservársela. La literatura es al mismo tiempo el reino de la gran actividad. Todo en él está vivo porque todo está muerto. Cervantes y Proust no van a fallecer nunca.
(Mortal y rosa, Francisco Umbral)
Para Nicho.
Nota: Pocas cosas en este mundo hay como tomarse unas cañas en Madrid con Nicho, debería estar incluido en todas las rutas turísticas. Y si terminas hablando de Proust a las 2 de la mañana al lado de una despedida de soltera, pues mejor que mejor.
(Mortal y rosa, Francisco Umbral)
Para Nicho.
Nota: Pocas cosas en este mundo hay como tomarse unas cañas en Madrid con Nicho, debería estar incluido en todas las rutas turísticas. Y si terminas hablando de Proust a las 2 de la mañana al lado de una despedida de soltera, pues mejor que mejor.
18 de Abril
El destinatario de esa sonrisa se fugó con ella como con un regalo fatal. Su turbación era tan grande que tuvo que huir de las luces de la terraza y del jardín, y refugiarse a paso rápido en la oscuridad del parque posterior. Allí estalló en reproches tiernos y extrañamente irritados: "¡No debes sonreir así! ¿Me oyes? ¡A nadie hay que sonreir así!" Se dejó caer en un banco y, fuera de sí, aspiró el perfume nocturno de las plantas. Después, apoyándose en el respaldo, los brazos indolentemente caídos, abrumado y sacudido varias veces por escalofríos, musitó la fórmula fija del deseo, imposible en este caso, absurda, abyecta, ridícula y, no obstante, sargrada, también aquí venerada: "Te amo".
(La muerte en Venecia, Thomas Mann - Trad. Juan del Solar)
(La muerte en Venecia, Thomas Mann - Trad. Juan del Solar)
16 de Abril
(Muerte en Venecia, Luchino Visconti - 1971)
...
Era un grupo de jóvenes y adolescentes reunidos en torno a una mesita de mimbre, bajo la vigilancia de una institutriz o dama de compañía: tres muchachas de al parecer entre quince y diecisiete años, y un efebo de cabellos largos y unos catorce años. Con asombro observó Aschenbach que el muchacho era bellísimo. El rostro...
(La muerte en Venecia, Thomas Mann - Trad. Juan del Solar)
Así aparece Tazio en la novela.
...
Era un grupo de jóvenes y adolescentes reunidos en torno a una mesita de mimbre, bajo la vigilancia de una institutriz o dama de compañía: tres muchachas de al parecer entre quince y diecisiete años, y un efebo de cabellos largos y unos catorce años. Con asombro observó Aschenbach que el muchacho era bellísimo. El rostro...
(La muerte en Venecia, Thomas Mann - Trad. Juan del Solar)
Así aparece Tazio en la novela.
15 de Abril

(El sueño, Henri Rousseau - 1910 - MoMA - NYC)
Eran ganas de viajar, nada más; pero sentidas con una vehemencia que las potenciaba hasta el ámbito de lo pasional- y alucinatorio. De su deseo surgieron visiones; su imaginación, no apaciguada aún desde que iniciara la pausa en el trabajo, y empeñada en representarse de golpe todos los horrores y prodigios de la abigarrada tierra, se forjó con ellos un modelo. Y vio, vio un paisaje, una marisma tropical bajo un cielo cargado de vapores, un paisaje húmedo, exuberante y monstruoso, una especie de caos primigenio poblado de islas, pantanos y cenagosos brazos de río; entre una lasciva profusión de helechos, sobre una maraña de vegetación ubérrima, turgente y de disparatadas floraciones vio erguirse velludos troncos de palmera, próximos y lejanos; vio árboles extrañamente deformados hundir sus raíces en un suelo de aguas estancadas y sombríos reflejos verduzcos, donde, entre flores acuáticas de color lechoso y grandes como bandejas, grupos de aves exóticas de pico monstruoso y cuello hundido miraban de soslayo, inmóviles en medio de los bajíos; entre la nudosas cañas de un bosque de bambúes vio brillar las pupilas de un tigre acechante... Y sintió su corazón latir de miedo y de enigmáticos deseos.
(La muerte en Venecia, Thomas Mann. - Traducción: Juan del Solar)
PD: Un trozo de lo mejor que he leido. Este fragmento (de 1912) describe la sensación que yo llamo "pulso armónico" pero llevado casi al éxtasis. Un texto que recuerda a otros textos de Borges (El Aleph - 1949) o Stendhal (Roma, Nápoles y Florencia - 1817).
9 de Abril
Salí del locutorio con el alma llena de tristeza. Tocaba el esquilón de las monjás: Penetré en la iglesia, y a la sombra de un pilar me arrodillé. La iglesia aún estaba oscura y desierta. Se oían las pisadas de dos señoras enlutadas y austeras que visitaban los altares: Parecían dos hermanas llorando la misma pena e implorando la misma gracia. De tiempo en tiempo se decían alguna palabra en voz queda, y volvían a enmudecer suspirando. Así recorrieron los siete altares, la una al lado de la otra, rígidas y desconsoladas. La luz incierta y moribunda de alguna lámpara, tan pronto arrojaba sobre las dos señoras un lívido reflejo, como las envolvía en sombra. Yo las oía rezar medrosamente. En las mános pálidas de la que guiaba, distinguía el rosario: Era de azabaches, y la cruz y las medallas de lucientes oros.
(Sonata de Otono, Ramón del Valle-Inclán)
(Sonata de Otono, Ramón del Valle-Inclán)
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