LOST EYES
Estoy leyendo el reportaje que El Viajero le dedica a San Francisco, un conjunto de historias inconexas alrededor de Vertigo, el filme de Hitchcock. Mentiras. Puro maquillaje. Llevo tiempo intentando bajar a palabras la percepción casi extrasensorial que supuso para mí la reciente visita a la ciudad de las mil cuestas.
Y me sigue resultando difícil cogerle los cuernos a este toro, muy difícil. Es una sensación casi irreal, casi sin información sobre la que construir los detalles. He colgado las fotos, he hecho un vídeo con ellas, tengo incluso otro vídeo que es una locura. Pero ay, los detalles... esos pequeños elementos que hacen fácil, verosímil, una historia. La luz que atraviesa una botella de vino blanco en el pequeño patio interior de un restaurante en Hayes Valley. El viento que te azota la cara desde lo alto de Buena Vista Park. La mirada perdida, enajenada, de una anciana que camina por la calle sin rumbo fijo en North Beach. Las banderas gays que ondean en Castro, los cangrejos sobre una pequeña barra metálica en Fisherman's Wharf. Los tranvías, los putos tranvías.
No encuentro los detalles, no veo la historia. La ciudad es un espejismo, una idea. El final del sueño americano, la entelequia californiana convertida en asfalto, parques y mar. El ideal de la vida sencilla, del buen clima. La meta de una sociedad decandente, la americana, que nace a la vida en Nueva York, la jungla de edificios en la que hasta los arrastrados marcan tendencia. Un país que bascula su historia de costa a costa, que piensa en las carreras meteóricas, donde Wall Street, Central Park y Chelsea se convierten en el ejemplo de la buena vida, de diablo vestido de Prada. El punto de partida para una sociedad mundial que de día solo piensa en ascender y ascender y de noche sólo disfruta descendiendo y descendiendo.
Y llega un día en que se preguntan qué coño están haciendo con su vida, que para qué tanto trabajar. Entonces, quizá, encienden la televisión o cogen un libro (ejem) y descubren una historia que lleva a California. La meta. El sol, las playas, la brisa que se cuela en el alma poeta y bohemia. Queman las corbatas y los sostenes. Venden las acciones (si es que todavía valen algo), se compran un coche de segunda mano y se recorren el interior del país por la ruta 66. Descubren que viven en un lugar maravilloso, en una tierra que jamás sabrán paladear sus habitantes (bueno, los indios sí, pero esos no cuentan casi ¿no?). Y pasan junto a Monument Valley y les dan las ganas de tirarse al vacío como Thelma y Louise. Pero siguen y siguen por una carretera sin fin. Pasan por Las Vegas, pierden lo que les queda de dinero y dignidad y llegan haciendo auto-stop a San Francisco.
Allí viven, sí, todos ellos, junto a los ricos-veloces de Silicon Valley y a los bundies (vaga-bundies, je je). Con sus pequeñas galerías de cuadros, sus bocadillos mirando a la bahía, sus vecinos de ojos rasgados, hijos de hijos de hijos de los bombardeados de Hiroshima.
San Francisco, la entelequia. La ciudad del frío, joder qué frío. La ciudad de la niebla y el viento. La ciudad más bella y llena de locos que he visto en mi vida. El cementerio de elefantes de occidente, el destino soñado. El paraíso liberal americano de taxistas que son capaces de ofrecerte una boda dentro de un taxi en una religion para ateos (lo juro).
San Francisco, difícil de explicar, más extraña de vivir, imposible de olvidar.
HEAVEN & HELL
10 THINGS TO BE DONE
Seguramente, aunque mucha gente piensa que viajo demasiado, la verdad es que me quedan ingentes cantidades de sitios del planeta tierra por pisar con lo cual mi perspectiva será bastante limitada.
Yo propongo esto, el orden no quiere decir nada:
1. Vivir las calles de Manhattan
2. Darse un paseo y cenar al anochecer en la plaza Jmna el Fna de Marrakech
3. Ir a un concierto de los Rolling Stones
4. Conducir hasta las costas de Ullapool en Escocia
5. Salir un miércoles hasta las 8 de la mañana en Madrid
6. Disfrutar de una obra de teatro en Londres
7. Visitar un parque nacional de EEUU y abrazar una secuoya
8. Bañarse desnudo en un hammam turco-otomano
9. Visitar el Centro Pompidou y observar París desde lo alto
10. Asistir a una emotiva misa en la Basílica de la Anunciación de Nazaret
Me dejo tantas cosas...
y de sexo y otros vicios no he puesto nada ;-p
DILDO MY FRIEND

Con eso de que en el centro de Madrid conviven todo tipo de negocios, no pude resistirme a robar esta instantánea en la Calle de la Reina. En un momento de relax, a media mañana, podemos ver descansando a alguna mujer de la profesión más antigua del mundo.
Ahora, con eso de que la moda es que toda tu vida sea pública (i.e. no tener cortinas en casa, practicar el sexo en los parques y tener un blog en el que cuentas todo lo que te pasa), también los complementos de moda (en este caso, el bolso) pueden ser transparentes para que todo el mundo vea que no tienes nada que esconder.
Claro que, llevar un dildo de color carne (una polla de goma, vamos) no es lo más habitual (creo). Con lo bonitos que son los de colores...
FISHES
SATURDAY NIGHT FIBER
Lo cierto es que me lo pasé genial anoche en FIB Madrid, y eso que no pude ver todos los conciertos. He leido la crítica de El Mundo esta mañana y comparto algunas de las apreciaciones, no todas.
...
Fue un experiencia mística liderada por las guitarras disonantes y enfermizas de Shields, capaces de crear nubes de muerte sobre las delicadas entonaciones de Butcher. El problema: que las voces, un instrumento más para My Bloody Valentine, apenas se oyeron en un par de canciones. Sospecho que, en realidad, a Shields las voces le importan un pito (me refiero a las que suenan fuera de su cabeza).
La dolorosa 'To here knows when' y una electrizante 'Soon', dos de los momentos más puros de 'Loveless', fueron lo mejor de la noche: una auténtica ensoñación, canciones como evanescentes hologramas. Y con el cierre, la salvaje 'You made me realize', Shields construyó una torre de eco y ruido que sumió el lugar en uno de sus pesadillas de dolor y catástrofe. Después del 'shock', cada asistente rumió su sordera por el recinto como buenamente pudo.
...
Ese momento de My Bloody Valentine está grabado, dura 11 minutos y sin lugar a duda fue lo más duro de la noche, lo más insano, mejor no torturo al personal. Luego llegó Mika, a mi particulamente me gustó.
A NEW PLACE FOR WORDS
TIME TO JOIN UNIVERSE
e incierto en ocasiones
nuestro destino
(Tiempo, Bautista Nicolás Jul 2008)


